Deslizo
la cuchilla lentamente sobre mi
piel, no ocurre nada, quiero, necesito
ver la sangre…la deslizo de nuevo, esta vez ejerciendo un poco mas de presión,
duele, sonrió, y observo como el liquido rojizo empieza a hacer su aparición.
Cortarme
se ha convertido en algo de día a día, la sensación que recorre mi cuerpo al
sentir el pequeño, pero importante artefacto romper mi piel, se ha vuelto en algo que me aleja de la
realidad.
Me resulta
excitante ver la sangre caer sobre el piso y formar una forma geométrica a
medida que caen las gotas.
Cortarme
me libera, me relaja de una manera que no logro explicar.
Va
mucho mas allá de algo físico, las
emociones que se desprenden y se crean en mi interior son incontrolables, y
esto es lo único que las detiene.
El dolor
me hace sentir mejor, como si la culpa por haber comido, o por cualquier otro
error cometido, se…esfumara.
Estoy
perdiendo la cabeza, lo sé, esto no es “normal” sentir felicidad y fascinación
al ver mi propia sangre derramarse, al herirme, al llorar mientras veo como las
gotas de color carmesí abandonan mi cuerpo, no es normal.
Siento poco
a poco como la cordura se va alejando de mi, y es que se fue desde el momento
en que entre en esto, desde aquella decisión que cambio mi vida de una manera
rotunda.
Y me he
arrepentido, me he arrepentido millones de veces por haberlo hecho, por haber
cedido ante la presión de la sociedad, pero es como si fuese ya, demasiado
tarde.
Y No,
no es atención, no tiene nada que ver con ganas de ser tomada en cuenta, porque
créanme o no, yo ya me acostumbre a ser
lo que soy, Invisible.
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